13 sept. 2014

Ciudades

El sol se derramó en las calles,
nos derrotó ese derroche de atardecer
Xalapa estuvo hermosa, más que siempre, 
propusimos ceder a la clarividencia 
de aprovechar la siesta y guardarnos 
de la calle y el calor.
Sucedió el amor como literatura,
como un mellizo del cielo,
una cosa más o menos solemne;
después abrí la cortina seducida
por esa musiquita de las calles;
ruidito cotidiano de cualquier lugar
y te esperé,
llegaste puntual como siempre 
a mi espalda, de pronto un beso húmedo 
aromó mi cuello,
y eso era la vida,
recuerdo que mi lluvia 
te tocó en el hombro.
Sentados uno sobre otro en el silencio
hicimos de cuenta que la ciudad 
fue una pecera que observaríamos bastante.
No sé cómo llamar esa cucharada dulce 
de aquél momento
pensé deliberadamente 
en esa paz de pocas veces,
en esa mariposa amarilla 
de profesión ambulante 
que va repartiendo buena suerte
y sentí que ese beneficio era mío.