29 jul. 2012

Para extrañarte


Con qué sencillez te vas adentrando en mi premura
con qué cautela te voy queriendo

con qué endemoniada insensatez te voy recordando
como si fuese posible ya tenerte a mi sombra
con qué facilidad me haces añicos 
con qué benignidad me vas restando la poca alma que me queda
con qué desfachatez te quedas en mí
y tu recuerdo me rodea 
cual perro olfateando a su presa

con qué estúpidas ganas no me dejas dormir
tal parece que conspiras en mi contra       con mi pensar 
y sin embargo en el sueño o el insomnio
te quedas como nunca    como hoy
cuando es prohibido e impensable pensarte

con qué maldita coquetería me acorrala tu recuerdo
con qué mal augurio te anuncia la madrugada
y me fijo de tus ojos tan míos como siempre
tan llenos de mí
                  de ese brillo  
                                 esa luz
esa tonta refulgencia de amor

me asomo a tu vida también aunque me quedes lejos
aunque no pueda asirme tu presencia nocturna y matutina

ya te dibujo en mis hojas sin concretarte como antes
sin pintar jeroglíficos con la tonta tinta azul 

con qué maldita zozobra te pienso a veces
con qué endemoniado desdén te vuelvo a leer
con qué purísima clandestinidad te vuelvo a querer 
y me queda el grito de la tinta en los dedos

con qué vorágine  no te quiero y te vuelvo a querer 
con qué ingenuidad me observo escribiéndote 
con una pantomima de hacer milagros

con qué suave locura te vas quedando
sólo para extrañarte.