6 abr. 2014

Insomnio

Hay un curioso cerrar de ojos
en el rostro
cuando no se duerme pero
tampoco se está despierto 
ese latido en las sienes 
insistente, vivo, 
y el cabello no se adapta a
la almohada 
no sirve rascarte un ojo ni una pierna
o alcanzarte la espalda,
todo eso es un sueño /
una vida en pequeño /
acostarte boca arriba a pensar
en nada y tensar la mandíbula
con ese estrés desconocido
que viene quién sabe de donde,
todo eso también es la vida;
cuando cruzamos las manos 
adornando la cabeza cual diadema,
cuando asomamos un pie a la cama
fuera de la sábana 
para sentir ese aire místico 
de la noche y la vigilia,
los oídos pican a esa hora
porque albergan las palabras 
que no quisiste escuchar,
por la misma razón llueven los ojos 
y en todo eso está el insomnio
y es tan ubicuo, tan omnipresente,
está en la caricia de los pies limpios 
entre la cama y las almohadas,
en la negrura de una noche
desvelada a punta de nada y cafeína,
en la tarde que piensas hará mañana,
en los ojos y las manos 
de quién se despierta a tu lado; 
de quien luchó en su sueño con 
tu insomnio para que pudieras
dormir y esperar y encontrarle 
en el descanso,
en lo rico de quejarse antes de dormir,
en el amparo del cansancio con cama,
en la lectura con lámpara
y las manos tocando piel o guitarra
y en todo eso se asoma la vida 
a medias,
en la justicia de la conciencia limpia,
en el reírse de quien quiere hacer daño,
en el darse cuenta de la belleza escondida en la cotidianidad 
que te masajea la espalda y te deja dormir,
cuando se duerme en tranquilidad
ahí se asoma la vida entera.