No tengo tiempo de andar las calles,
camino expertamente por tu cuerpo,
voy por él como si de una avenida
tratase,
te ando en silencio, te doy vuelta,
tienes curiosas formas del cielo
a veces si me detengo
es para hacerte un poema,
como una caminata nocturna;
lógicamente pienso en
tu jardín, tu árbol,
los paisajes, tu agua...
y digo preguntando
qué otras formas guardará
el amor.
El resto de mí
lo que queda
las posibles palabras
la lengua como tentación
de hacer silencios
la casa de mi boca
empolvada y sin un beso
la sombra de mi cuerpo
coexistiendo en un espejo
los puntos suspensivos
de mi sexo
abrazan esplendor
en el resto de mí
se quiere rayar las nubes
con alma azul
la noche que escribo
el resto de mí,
lo que queda
y la noche que me desmiente.
En una envoltura de silencio
se aquietan las palabras
como si una ola
como si un incendio
amaneciera en esa página
pienso en escribir penumbras
en leer la fiebre histórica
de cada párrafo
en hacerle un espacio a mi respiro
en una sílaba al final
de la paciencia de un verbo
irrepetible
escribo el sol que está aquí
y me quema los discursos;
qué batallas con ventanas
ha librado como hoy
que proyecta la geografía
de las partículas de polvo,
qué aventura tratar
de ver mis anteojos sobre
la página de un libro.
Un miércoles se redondea
y hace de los pliegues de
una semana la vida,
taladra cada hora mientras
pasa y pasa geométricamente
como de una frontera a otra
dejando
incendio o sangre o semen,
es como si floreciera,
como si quisiera ser futuro
y se aproximara a esa hora perfecta
que es más o menos lo eterno,
esas horas que perforan lo mortal,
ese amplísimo silencio de mitades.
Yo digo que al tiempo
se anteponen los signos,
en los amparos que uno espera
el día nace inconcluso
en la piel de la memoria
que caricias medio borran;
yo diría que por ejemplo
la vida es todavía
una canción suave y brusca,
un pedazo de deseo,
una esperanza invencible,
una extraña ternura,
-como ese rencor triste de esperar
a que te quieran-
los silencios de la tierra
huelen muerte mojada,
toda escritura te salva
como sobrevolando sufrimiento,
ya ves que con tanto día
y fábricas del tiempo
si una mañana fresca nace
en una ventana, en unos pies,
es una señal de vida
o vos qué pensarías.